La crisis del agua potable que afectó a la zona oriente de Santiago en 1997

Modernidad y todo, seguimos dependiendo de la lluvia para tener agua potable. Así, aunque la mayoría coincide en que la empresa de agua potable Lo Castillo no realizó las inversiones necesarias en los últimos años, lo cierto es que si el próximo invierno no se alcanza un nivel de lluvias normal, la situación podría tornarse insostenible en todo Santiago. Por mientras, miles de vecinos de Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura han debido aprender a arreglárselas sin agua, con todas las consecuencias que esto conlleva.

Texto de Revista Caras en el año 1997

No cabe duda de que vivir sin agua es una pesadilla. No tener agua para la ducha, para lavar los platos o la ropa, o simplemente cocinar. Acostumbrarse a poner el despertador a las cinco de la mañana por si hay agua suficiente como para regar el jardín y almacenar el líquido para las horas, o días, de «sequía». Esto ya parece formar parte de las preocupaciones diarias de los ocupantes de cerca de cuarenta mil hogares que viven en ciertos sectores de Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura, y que son clientes de Lo Castillo o, como se llama desde hace un par de semanas, Nueva Lo Castillo.

Echando mano a todo lo que está a su alcance, los vecinos de estos sectores han debido adaptarse a la situación, modificando sus horarios y hábitos. Más aún ahora que el famoso calendario de cortes de agua implementado no se ha cumplido, dejando a ciertos sectores sin agua por más tiempo de lo programado. En muchas casas, por ejemplo, no sólo se usa el agua mineral para tomar, si no para cocinar e, incluso, para los lavados de pelo. Indicativo es el hecho de que las ventas de agua mineral -especialmente de la no gasificada que se vende en bidones de cinco litros- se han más que duplicado en los supermercados de la zona. De la misma manera, los fines de semana, las peluquerías -aunque muchos han debido dejar de atender, precisamente por falta de agua- atienden a un número creciente de personas que sólo van a lavarse el pelo.

Y quienes tienen piscina ya no la usan para nadar, sino que para almacenar agua. Otros han optado por comprar estanques con este fin. Así, muchas tiendas especializadas están vendiendo equipos hidroneumáticos -éstos son bombas de agua que se usan para extraer el agua desde un estanque hacia las cañerías- para uso doméstico como nunca antes. Porque, se supone que en condiciones normales, ninguna casa de menos de cuatro pisos necesita de ellos. Mientras tanto, los que no tienen posibilidad de guardar líquido deben acudir con baldes y bidones hasta los camiones aljibes y las peras de agua que han instalado las municipalidades en distintos puntos.

Cada día más amarillos están los jardines de la zona. Los antejardines sólo se pueden regar día por medio -día par o impar, según la numeración de la casa- y es cada vez más frecuente ver a personas regando después de las diez de la noche o muy temprano en la madrugada.

Pero las consecuencias de la escasez de agua en la ciudad, obviamente sobrepasan lo doméstico. En el caso de un incendio, los bomberos deben llegar al siniestro con camiones aljibes, porque no todos los grifos tienen agua o presión suficiente. Por otra parte, aunque no se puede hablar de cifras, los especialistas en salud pública han advertido que se podría producir un aumento de las enfermedades infecciosas como la hepatitis. Al menos, las clínicas del sector parecen estar a salvo. La Alemana y Las Nieves no están en las áreas afectadas, y en la clínica Las Condes aseguran que tienen el suministro asegurado tras conversaciones con Nueva Lo Castillo.

Económicamente, la situación ha sido un desastre para muchos. Para empezar, la demanda por casas y departamentos ha disminuido drásticamente -casi no se arriendan- y muchos están dejando las casas que han arrendado en la zona. Más aún, negocios que no están ubicados en centros comerciales que cuentan con estanques han sentido fuertemente la sequía, especialmente peluquerías y restoranes que, en varias ocasiones, han tenido que cerrar sus puertas.

Pero lo peor del caso es que la solución para este verano, y también para el que sigue, no está en manos del gobierno ni de la empresa privada ni de nadie. Todo depende de cuánto llueva durante el invierno del 97. Peor aun, si se repite un año como éste -el más seco registrado en la historia, considerado incluso más crítico que la sequía de 1968- podrían ser mucho más de tres las comunas afectadas en Santiago.

Recién en febrero o marzo del año entrante, los meteorólogos nacionales tendrán en sus manos las proyecciones de cómo será el invierno que viene. Si tendremos lluvia o no. Por ahora, sólo queda cruzar los dedos, porque de acuerdo a los cálculos de los ingenieros hidráulicos del Ministerio de Obras Públicas, dependemos de san Isidro. Otro año seco y el racionamiento de agua podría extenderse a todo Santiago el próximo verano, lo que sin duda constituiría una catástrofe.

De hecho, en EMOS, compañía que tiene más de un millón de empalmes en la ciudad, ya están tomando las precauciones. «Podríamos malgastar las reservas de aquí a junio si el próximo año viene seco y no hay deshielos -asegura Sergio Saavedra, presidente del directorio de la sanitaria-. Por eso, iniciaremos una campaña de economía de agua para guardar reservas, porque estimamos que con un ahorro de quince por ciento, podríamos asegurar el abastecimiento de agua hasta abril del 98».

Es que, según explica Saavedra, en un año normal se rellena el embalse El Yeso con el agua de los deshielos, durante el verano, mientras que Laguna Negra se llena en noviembre y diciembre. Hasta el momento, la segunda no ha subido de nivel y tampoco se espera que lo hará el primero. De ser así, en enero la empresa iniciará una campaña de racionalización del uso del agua.

Menos alentador aún se ve el panorama para los usuarios de Nueva Lo Castillo que, por segundo año consecutivo, han sufrido cortes en el suministro. Porque pese a que los nuevos socios de la firma -Enersis adquirió el 55 por ciento de las acciones y, con ello, el control de la empresa hace un par de semanas- han anunciado un sendo plan de inversiones (cerca de 50 millones de dólares, lo mismo que de acuerdo a algunas fuentes, invirtió la administración en los pasados 45 años) para mejorar la infraestructura. Sin embargo, las obras más importantes -que son las que permitirían transportar otros dos mil litros de agua por segundo desde el río Maipo- recién estarían terminadas en 1998.

Así las cosas, en Nueva Lo Castillo aseguran que si el que viene es un año normal en cuanto a cantidad de agua caída, no debería haber problemas de abastecimiento, pero si no es el caso, no pueden hacer la misma promesa.
Mientras, se mantendrá la incertidumbre, que irónicamente esta vez afecta a un sector que no suele tener problemas a la hora de costear la satisfacción de sus necesidades.

Los ganadores

La crisis de agua ha generado una inusual demanda por determinados productos en los sectores afectados. Así, el agua mineral ha pasado a formar parte de la canasta básica de muchas familias, mientras que la demanda por equipos hidroneumáticos y estanques -antes casi inexistente- se multiplica día a día.

Agua mineral: Como nunca antes se han vendido los bidones de agua mineral de cinco litros sin gas en los supermercados. En el Jumbo de Alto Las Condes, por ejemplo, la venta de este producto ha aumentado en un 75 por ciento desde que comenzó la crisis, mientras que en el Unimarc de Santa María las ventas de todos los tipos de agua mineral crecieron en un cincuenta por ciento entre septiembre y octubre, y luego se duplicaron entre octubre y noviembre.

Bidones: Desde bidones chicos, basureros plásticos con tapa, tambores de 175 litros y estanques de mil litros han comprado los vecinos de Las Condes, Lo Barnechea y Vitacura desde que se anunció el plan de racionamiento de agua. Tanto es así, que en un solo día, una tienda del sector vendió el equivalente a la venta de un mes.

Bombas de agua: Normalmente una casa de menos de cuatro pisos no necesita de este tipo de equipos, porque la presión de la red alcanza a cubrir tres pisos. Pero con los problemas de abastecimiento de agua, ciertas tiendas del rubro registran más de veinte pedidos diarios para casas de Lo Barnechea, Las Condes y Vitacura. Los precios de los equipos hidroneumáticos fluctúan entre los 115 y los 300 mil pesos.

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